Purísima Concepción
Imagino en silencio la humedad de las esperas,
La turba innegociable de parásitos subterráneos,
El sudor helándose en una terraza llena de extraños
O la risa falsa del que desea deshacerte las bajeras.
Amenaza con pinchar de nuevo la masa roja
Que colmata y yuxtapone el humo y la vida.
La espuma, un ladrido, otra flor que se deshoja;
Junio agrietándose en una diagonal sin salida.
La realidad espera al filo de la cuerda floja
Y todo hiede al anhelo dulce de vísperas.
Ardió la primavera y nadie preguntó por ella.
La perfidia yacente de un viernes por la tarde.
La tenacidad errática del abrazo más cobarde,
De un adiós regio sin costura ni buen puerto.
El gemido fértil del puzzle que solíamos formar,
Las miradas cafeteras con esa aura de sed y miel,
Las melopeas febriles de saliva, sexo y madrugadas,
La tarde en que te desnudabas frente al mar,
Y el aroma indómito, furtivo y cálido de tu piel.
Cimentando sobre insomnes pilotes silentes
Una inánime estructura remachada de espinas,
Cerramiento de esperas de por si te arrepientes
Y altas cubiertas ventiladas para disipar neblinas.
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