jueves, 3 de abril de 2014

Nadie sabe nada



Nadie sabe nada

Nadie sabe nada.
Siquiera nosotros nos dimos cuenta,
Pero pasó sin más.

No fue culpa mía.
No creo que fuese culpa de nadie;
No fue culpa tuya.

Los dos estábamos.
Miraban a través de la tormenta,
Pero no eran ellos.

¿Pudo ser el rayo?
Tal vez fue el rayo quien hizo arder todo.
No fue culpa mía.

¿Pero y si fue el trueno?
Claro,  el trueno no creo que nos mienta.
No fue culpa tuya.

Tu solo llovías.
Llamar lluvia a las palabras es atroz.
Pero pasó sin más.

Al final me mojé.
Eso es falso, sólo eres la herramienta.
Nadie sabe nada.

sábado, 8 de febrero de 2014

No volverán.




No volverán
Millones de veces he soñado tus manos
Amasando la harina negra de este cuerpo.
Otras tantas te he imaginado desnuda,
Desgranando con tu boca lo que es cierto.

El pasado se me presenta hostil.
Sin embargo, esta guerra ya no es mía.
Creí en Dios, pero fue antes de saber de ti;
No es difícil confundir los astros.

¿Acaso no era nada tu pelo sobre mi hombro?
Es probable que el viento tenga motivos para soplar.

Las habitaciones me observaban con tu oscuridad,
Con ese panal cristalino de pupilas ausentes.
El amor, ese pudo ser quizás el mayor de los miedos.

Tú me querías, eran tus miradas y tus ausencias,
Tus ganas de todo, excepto de todo. Todo.
Todo eras cuando estabas en mi nada
Y nada es todo lo que había allí.

Entonces recuerdo cerrar las ventanas
Y dejar que el mundo muriera consigo.
No era fácil huir de la miel de tus pechos,
Casi tanto como preparar cena para uno.

En noches como las del constante ayer,
Tan silenciosas y parecidas a esta,
Te deshojé entre versos sin tocarte.
No es motivo suficiente querer a alguien
Como para someterla a nuestros deseos.

Hoy me sé culpable de haber amado de verdad,
De haberme querido embutir en una trinchera
De cosas que nada tenían que ver conmigo
Y que abrigaban tu existencia y nuestro mañana.

Ahora soy consciente de que se acabó todo el futuro
Mucho antes de que el pasado cantara al alba.
Y es probable que la encuentre a la salida del trabajo
O tal vez entre los escombros de la sociedad.
No descartaría cruzar una mirada sin saber quién somos,
Simular lo que fuimos, desear lo que pudo y no.
No sé, tal vez vivir.
Vivir como lo hacen los gusanos entre la carroña:
Alimentándose de tiempos que no volverán.

domingo, 5 de enero de 2014

Game Over


Game Over


Escribo la historia que me da la gana.
La explicación es muy sencilla: es mi vida.
No me guardo de nada para el mañana
Y me da igual el game over de la partida.

Siempre me pregunté lo que todos: nada.
Y es que es nada un suspenso en filosofía
O un jodido diez en física aplicada,
Si luego estás ausente en tu biografía.

He hurtado besos de las pieles más curtidas
Cuando el sol moría en carmines de luto;
Guardo mi graduado en miedo a despedidas
Igual que la bula con que muerdo el fruto.

¿Qué más da si me revientan los bolsillos
O rebusco en las migajas de los basureros?
¿Qué importa que agarren a los mismos pillos
Si al final siempre desiertan los primeros?

No es mi desprecio execrable a la cultura,
Ni esta diatriba es contra la vil vanidad,
Pero sigo reticente a su envoltura,
A ese sello que asegura veracidad.

El cálculo de las palabras tardías
Avanza descarnando la ardiente herida.
Se escapan las horas pensando en los días,
Las alegres ganas recordando vida.

Y sin embargo, vagamos sin remedio,
Dejando nuestra existencia en otras gentes
Que maúllan vilmente contra el tedio,
Con el corazón en erráticos frentes.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Es un silencio atroz.



Es un silencio atroz



Es un silencio atroz.
Un silencio cargado de memoria.
Como un rompeolas en la noche:
No comprendo el porqué,
Pero existe y duele.

No es Sinatra en Las Vegas
Ni Mussolini paseando por Roma,
Es una herida aún mayor.
Un siete de sentimientos encontrados
Y ráfagas ahogadas de lamentos.

Antes era un beso en el horizonte,
Una mirada en la oscuridad,
El vía crucis de tu cuerpo y el mío
Pecando en cada caída,
Buscando el paraíso en el suelo
Y haciendo del infierno un deseo.

Antes ya es demasiado para hoy.
Ejerzo mi derecho al futuro,
A incinerar mis archivos desclasificados
Y velar las fotos del verano.

El presente no es un objetivo,
Por desgracia es mi vida.

La soledad de las dos de la mañana,
De las dudas de mis convicciones
O del cenicero atestado de suspiros,
Me muerde en los pulmones
Y me devora la garganta.

Avanza el tiempo y la quietud me inunda.
Se abraza a mis sueños la sombra.
La desazón bebe de mis ojos:
Es un rico pozo de fracasos mi pupila.

Los motivos divergen entre Quijotes y Richelieus.
Otras veces mi ceguera lúcida
Traza el camino hacia el Sena
Y en la rayuela dejo pasar mi turno.
Creo que mi Gestapo interior sabe ya quién soy.
No seguiré buscando Macondo
En los corredores de los hospitales,
Seguiré siendo un Robinson en las aceras.
Algún día, sé que este sueño debe despertar.
 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Guerra en la tormenta



Guerra en la tormenta

Un silencio de trigales se arma de valor en la piel.
Tropieza la noche sobre los panales de tu pecho
Y como abeja diligente me empleo en tu rica miel.

Bendices mi táctil dialecto cuando me hincas tus uñas.
Apruebas con nubosas palabras mi dactilogía
Por cada valle, sierra, pradera o barranco que acuñas.

Tu ardiente noema se vuelve radiante y hospitalario;
Arrastras el terremoto por toda la geografía
De esas infernales columnas que sostienen tu acuario.

Y cuando no puedes soportar más las bajas presiones,
Los nublos de tu mirada estallan en rayos al techo
Y llueve sobre todo el alfabeto de mis facciones.

Entonces, torpe y primitivo, buceo entre tus labios.
Abrazo la demencia de tus vocales y resbalo;
El capitán Nemo ha vuelto a romper la caja de cambios.

Entro en tu cuerpo como espíritu santo por Nazaret.
Me adentro furtivo en el fiel Vesubio de tus entrañas,
Ese que burbujea como acto final de un cabaret.

Un ciclón concupiscente arrasa con toda la razón 
Y las riberas del Amazonas se inundan con las marañas
Que segregan la atmósfera torrencial de tu corazón.

Los aurigas por el cielo con sus huellas de tormenta,
Gime el paraíso y arde la oscura caverna que encalo.
Y al final, el silencio en los truenos que tu aliento aventa.